Todo Con Buen Sabor
-Silvia de Muñoz-


"Sea vuestra palabra siempre con gracia sazonada con sal para que sepáis como debéis responder a cada uno." Colosenses 4:6 Escuche decir a un pastor que la mujer habla, habla, habla y habla, un promedio de veinte mil palabras al día, mientras que el hombre apenas si dice o habla la cuarta parte de lo que la mujer habla. Cuánta verdad hay en este comentario. Nosotras las mujeres, muchas veces hablamos sin pensar en lo que decimos, y por esa razón nos metemos en problemas. Uno de ellos, el más grande es con el esposo cuando llega tarde a casa. El diablo empieza a trabajar dándote ideas. Por ejemplo el diablo te dice: "A lo mejor se fue con sus amigotes; o a lo mejor se fue con la secretaria; a lo mejor ya volvió a las andadas; etc." Y cuando llega tu esposo, antes que él pueda dar una explicación se desata la discusión. Con esta actitud negativa que el diablo te inyecta lo que toda mujer consigue son discusiones.

Prov.14.17 dice: "El que fácilmente se enoja hará locuras..." ¿Te has dado cuenta que muchas de las veces tienes una discusión con tu esposo por cosas pequeñas? Hablas, dices, refutas y al final ya dijiste lo que no debías ¿por qué?, Porque como mujeres no aprendemos a escuchar al esposo. Él desea comunicarte sus problemas que tuvo durante el día o quizá se paso horas extras trabajando para darte la sorpresa de poder llevarte un regalo o llevarte de viaje o sencillamente su jefe le exigió trabajar horas extras. Pero, por lo regular imaginamos cosas, hacemos conclusiones, somos más fantasiosas que realistas. Con el tiempo las discusiones se vuelven pleitos fuertes, las cosas pequeñas se hicieron grandes, y tal vez tú dices: -Hermana son grandes mis problemas.- Pero ¿sabes? los grandes problemas llegan cuando, como esposas no podemos resolver los problemas más pequeños. Así es que, cuando el hogar se vuelve un campo de batalla, tu enemigo numero uno, no es tu esposo. El que está detrás de todo esto es Satanás dándote armas para que destruyas tu hogar, él quiere llevarte al divorcio.

La palabra divorcio no debía de existir porque es la causa de vidas infructuosas, vidas fracasadas. La gente que se ha divorciado no podrá decir: ¡soy tremendamente feliz con mi nuevo matrimonio! NO, porque con el primero no superó los problemas que debía de superar. A todo esto los hijos son afectados, sean chicos o grandes. Sus sentimientos son afectados y lastimado su carácter. "Airaos, pero no pequéis. No se ponga el sol sobre tu enojo." Cuando hayas tenido una discusión, no lo pienses más ponte a orar, pídele perdón a Dios, pídele perdón a tu esposo. Quizás digas: -Pero es que yo no tengo la culpa.- Aunque tú no la tengas, pide a Dios que te de sabiduría para arreglar las cosas y con una actitud positiva ve al encuentro con tu esposo. Pídele perdón, no vuelvas a sacar los trapitos al sol. Si tú tienes una actitud humilde, él se va a dar cuenta que tiene una esposa que le ama en verdad y no un maniquí sin corazón. Cuando tú resuelves tu problema antes de ir a la cama podrás darte cuenta que tu relación con tu esposo es más placentera. Tu aspecto físico sale ganando, porque el corazón alegre hermosea el rostro, y vas a reflejar menos arrugas que cuando te duermes con tu enojo. Vas a evitar enfermedades gastrointestinales. Porque ir a la cama con enojo hace que te des vueltas y más vueltas rumiando tu coraje, del cual no te pudiste desquitar, y planeas tu venganza.

Tu enojo hará que te levantes con un semblante de pocos amigos y con este semblante pronto te verás mas vieja de lo que representas. Colosenses 4:6 dice: Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepáis como debéis responder a cada uno. Cuanta falta nos hace poner sabor a nuestra conversación. Esto me lleva a pensar que cuando queremos hacer una comida, tenemos que ponerle sal. Sin sal no tiene sabor la comida. Para que tú puedas hacer una buena comida necesitas la receta y la receta dice que le debes poner sal al gusto. La sal es la sazón. Tu recetario para tener un buen hogar es la Biblia y la sal es el amor que tú le pongas. La cantidad, debe de ser al gusto y la necesaria. ¿Sabes? También me he dado cuenta que cuando hacemos las cosas con amor todo sale con un buen sazón y cuando hacemos las cosas con enojo y sin ganas todo se siente insípido.

El libro de Santiago nos habla precisamente de la lengua como el miembro más pequeño pero el mas difícil de controlar. También dice que quien controla su lengua sabrá como controlar también su cuerpo. Hermana, yo quiero invitarte a que le pongas sal a cada una de tus palabras. Esto significa: ponles amor. En una ocasión cuando mis hijos mayores eran jovencitos, me dijeron: Mamá, yo quiero ser tu alumno de Escuela Dominical. La verdad no entendía y les pregunté el por qué. Ellos dijeron: es que a tus alumnos les dices: "siéntate mi amor", "si mijito", "haber corazón tu dime el versículo", y lo dices con tanto amor. Hermana, esto de verdad me hizo reflexionar ¿cómo les hablaba a ellos? ¿Le ponía sal a mis palabras? Tal vez tu esposo piense lo mismo cuando te escucha hablarle a la vecinita. Tal vez, él también quiera ser la vecina mejor, porque en casa todo lo que escucha esta agrio, podrido, insípido, sin amor. Pon en tus labios palabras sazonadas como: Te amo, por favor, gracias, que te vaya bien, ¿cómo te fue, amor? Si eres de las amargositas, al principio se les va a hacer como que te estas volviendo loca. Pero, ¿te das cuenta por qué? Porque tu familia a lo que está acostumbrada es a tus gritos, amarguras, quejas y bueno todo en ti esta insípido. No esperes a que sea demasiado tarde, el tiempo pasa rápido, y solo tienes una vida, una oportunidad. Sazona tus palabras. Recuerda: Tú puedes ser una mujer virtuosa.



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